Retropropulsión cambiaría el transporte masivo

Con la llegada de la cápsula Red Dragon de la Space X, la Nasa ve en la retropropulsión cambiará el transporte dentro y fuera de la tierra.

Se pudo saber que la agencia espacial estadounidense va a colaborar en un proyecto en el que tiene poco que perder (va a invertir 30 millones de dólares) y sí mucho que ganar.

En Envíalo apostamos a la revolución de los transportes, especialmente aquellos que nos permiten acercarnos más y mejor.

Según voceros de la Nasa, si la misión es satisfactoria, la agencia podrá probar, con una década de adelanto, las técnicas que empleará en la futura colonización del planeta rojo.

Una de ellas, la retropopulsión supersónica, es vital para que las naves tripuladas aterricen sanas y salvas en el planeta.

¿Qué significa exactamente la retropopulsión supersónica?

Según científicos, la atmósfera marciana es muy fina lo que supone un problema a la hora de frenar en la maniobra EDL (entrada, descenso y aterrizaje, por sus siglas en inglés).

Para hacerlo, SpaceX encenderá unos motores en pleno vuelo, mientras la nave supera la velocidad del sonido, para frenar hasta una velocidad aceptable. 

Pudimos conocer que la misión de SpaceX es “una tremenda oportunidad de recolectar datos para la agencia”, declaró Bill Gerstenmaier, responsable de exploración humana.

Especialistas  dicen que en la Tierra, la propia atmósfera y un buen número de paracaídas son suficientes para aterrizar naves.  Pero en el planeta rojo no se cuenta con el primer elemento.

Es allí cuando la retropropulsión entra en juego y prueba de la dificultad de aterrizar allí es el número de naves que lo han conseguido, que no llega a la decena.

Del ‘sky crane’ a la retropropulsión.

Esta técnica mezcla diferentes maniobras para frenar en la minúscula atmósfera, gracias a un escudo térmico y un paracaídas, a los que une a una especie de grúa que realiza un descenso controlado casi hasta la superficie.

Ahí es donde enciende unos motores para frenar casi por completo, abandonar la carga de manera suave en el suelo, y alejarse antes de estrellarse en un punto lejano. En este vídeo se puede apreciar la maniobra.

El método es más que válido para cargas como la reciente Curiosity, de una tonelada, pero la NASA es consciente de que necesita una alternativa para cuando envíe un futuro hábitat o una nave tripulada.

La Red Dragon, que pesará entre ocho y diez toneladas cuando aterrice, ofrecerá un campo de pruebas inigualable gracias a la citada retropropulsión supersónica: con los ocho motores que están situados alrededor de la cápsula, la nave será capaz de posarse de manera suave como lo demuestra el vídeo bajo estas líneas.

La tecnología la está probando SpaceX en su cápsula Dragon 2 para que cumpla con varios objetivos. El primero tiene poco de marciano y mucho de terrenal. Esos motores son el sistema de escape de emergencia que la nave pondrá en marcha si, durante un lanzamiento, existe algún problema con el cohete y es necesario que la tripulación salga despedida, de manera controlada, para evitar males mayores.

En un futuro, no sabemos si cercano o lejano, SpaceX quiere que los propulsores le permitan aterrizar las cápsulas Dragon 2 en tierra firme. La maniobra hoy parece de ciencia ficción, pero también lo era el aterrizaje de un Falcon 9 hasta que la compañía lo logró por primera vez el pasado diciembre y lo ha convertido en un hábito a lo largo de 2016.

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