¿Es Twitter la grieta de las redes sociales?

Cada avance de la tecnología viene acompañado de miedos asociados a cómo su uso podría “cambiar” (dañar) nuestros cerebros. Pero, hasta los momentos, ninguna red social ha sido tan ridiculizada o generadora de miedo como Twitter. El tiempo lo catalogó como “la grieta” de la adicción a internet, tan sólo un año después de su lanzamiento en marzo de 2006. Susan Greenfield, la polémica neurocientífica  y política británica, ha asegurado en indefinidas oportunidades que la red social tiene un efecto de “infantilización”, ocasionando que los adultos piensen -y, por tanto, se comporten- más como niños necesitados e hiperactivos. Twitter, según el rumor popular, también ha roto nuestros lapsos de atención, interrumpiendo nuestra capacidad de leer mucho o pensar profundamente, nos ha hipnotizado con falsas señales  sobre nuestra importancia social y “reconecto” nuestro ya evolucionado proceso cognitivo. A pesar de los rumores, ningunos de esos “daños” han sido comprobados e incluso todo lo que se sabe acerca de cómo las redes sociales pueden afectar el cerebro está basados en puras hipótesis. "No ha habido un solo estudio que analice los efectos de las redes sociales en el cerebro", afirmó Dar Mehsi, un neurocientífico cognitivo de Berlín. "No sabemos nada acerca de cómo el cerebro cambia con las redes sociales". En el mes de diciembre, Meshi, en conjunto con dos colegas, hizo pública una investigación sobre las redes sociales actuales y el cerebro. Obtuvieron como resultado que, si podemos estar más estimulados que nunca, pero, ningún estudio ha demostrado que las redes sociales están “reconectando” nuestros cerebros de forma distinta o peor que, por ejemplo, tener una conversación o leer un libro. En los casos en los que las redes sociales sí demuestran causar efectos de comportamientos negativos, no está completamente claro si es el medio es el culpable o si se debe a otra razón. Investigaciones anteriores han conseguido, cosas como que, los grandes cambios en el cerebro adolescente aparecen más por genética.  Y un antiguo trabajo de Mehsi ha hallado que las personas con alta sensibilidad en la parte del cerebro encargada de las recompensas, están más atentas a Facebook. Lo que quiere decir, que no es que Facebook haya cambiado sus cerebros, sólo que es un impulso natural más visible. Lo opuesto también puede ser verdad, expresó Mehsi. Depende del tipo de procesos mentales que provoca, Twitter también puede teóricamente ocasionar todo tipo de beneficios cognitivos. Al preguntársele si existe alguna diferencia en los cerebros cuando se lee La Odisea y cuando se lee un tweet, éste respondió que si el tweet está dirigido a uno, probablemente active las regiones del cerebro que tratan con el conocimiento autorreferencial. Pero, de otra forma, dijo, "es un proceso neural muy similar". Meshi, insiste "No depende del medio, depende del tipo de conocimiento que se haya generado por el tweet o el libro". En decir, cuando se trata de mecánicas del cerebro, el medio decididamente no es el mensaje. Desafortunadamente, hasta que otros neurocientíficos no se interesen en este campo específico probablemente no se oiga que Twitter sea nada más que una red con campo para adolescentes. Esperemos que la investigación haya progresado un poco más en el aniversario número 20 de Twitter, en 2026.
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